miércoles, 11 de noviembre de 2015

ROL DEL ESTADO EN EL SECTOR SALUD

A continuación, se presenta un extracto del "Informe Final Evaluación del Gasto Institucional del Fondo Nacional de Salud FONASA", de diciembre de 2013, elaborado por el Instituto de Administración en Salud, de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, para la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Hacienda, en el cual se refieren a las causas que fundamentan la participación del Estado en los Sistemas de Salud.

El link es: http://www.dipres.gob.cl/595/articles-115534_doc_pdf.pdf



ANEXO N° 1: ROL DEL ESTADO EN EL SECTOR SALUD

Se revisarán a continuación los antecedentes teóricos que permiten fundamentar la participación del Estado en los sistemas de salud.

1. Aspectos Generales

Las personas demandan servicios de atención de salud tanto para evitar posibles efectos negativos en su propio estado de salud producto de las enfermedades, como para solicitar servicios preventivos que le permitan desarrollar su vida diaria de forma normal y, de esta manera, maximizar su nivel de bienestar. En otras palabras, los servicios de atención de salud deben ser considerados insumos más que un bien final.
El mercado de la atención de salud no cumple con las condiciones clásicas de otros mercados y si queremos entender cómo el Estado debe intervenir, es necesario primero saber cuáles son estas condiciones. Para dichos fines consideraremos los trabajos de Arrow (1963) y Newhouse (1996).
Por un lado, la naturaleza misma de la demanda, a diferencia de los mercados tradicionales, es irregular e impredecible y se hace evidente sólo ante la presencia de enfermedad o alguna presunción de ésta. Lo anterior ocurre dado que ellas no sólo representan potenciales costos a las personas, sino que además implican un riesgo en sí mismo para las personas, por lo que buscan evitar los efectos negativos de éstas.
Ahora, con respecto a los médicos, se espera un comportamiento distinto al de un agente económico cualquiera, ya que existe una restricción ética en su actuar: se espera que busquen el bienestar del individuo. El diagnóstico médico es en base a la necesidad objetiva de cada caso, y se asume que el médico certifica la existencia de ciertas enfermedades, y se espera que busque complacer a los clientes. Las personas confían en los médicos y esperan que sean desinteresados en su actuar.
Existe también incertidumbre en cuanto a la calidad del producto, es decir, si el diagnóstico y el tratamiento determinado por el médico mejora o no el estado de salud de las personas. Esto es relevante, ya que el bienestar de las personas depende de su estado de salud, por lo que podrían ser posibles grandes disminuciones en el primero, al no utilizarse los tratamientos adecuados para ellas. Grossman, Michael (1999). Es decir, una oferta y demanda que se ajustan por las fuerzas del mercado, por lo que se llega a un punto eficiente de producción.
En cuanto a la oferta laboral de los médicos y otros profesionales de la salud, ella se encuentra limitada por las restricciones al ejercicio de la profesión dadas por las certificaciones exigidas. Por una parte, de esa forma se logra garantizar e informar de la calidad a los usuarios, que es algo que es valorado por la demanda. Por otra, cuando ellas se expresan en importantes restricciones en el mercado (por ejemplo, los cupos para la formación de especialidades), permiten mantener altos retornos para la profesión.

2. Fallas en el Mercado de la Salud

Junto a lo señalado en la sección anterior, dentro del mercado de la salud existen una serie de fallas de mercado que podrían justificar, al menos desde una perspectiva teórica, la intervención del Estado, a saber:

Bienes Públicos: son aquéllos en los que no existe exclusión en el consumo, es decir, no podemos privar a otros de beneficiarse de ellos y su consumo por parte de algunas personas no reduce la cantidad disponible para el consumo de otras. Por ello es que las personas pueden consumirlos sin pagar por ellos y, por ende, habrá una producción sub-óptima. Musgrove (1996) señala que esto es lo que ocurre para algunos servicios de atención en el sector salud y que desencadena que el gobierno o alguna organización en particular paguen por su producción. Ejemplos son las campañas en televisión para la prevención de ciertas enfermedades como el VIH/SIDA o el cólera y la fumigación en ciertos lugares geográficos para el control de las plagas. También caben dentro de esta definición aquellos tratamientos para enfermedades que han sido 100% erradicadas.
 Externalidades: son aquellas situaciones en que la acción de un individuo genera efectos (positivos o negativos) en el resto de las personas y que el mercado no es capaz de internalizar, con la consiguiente asignación ineficiente de recursos. En el mercado de las atenciones de salud existe una serie de bienes y servicios que generan externalidades, como inmunizaciones o tratamiento de enfermedades infectocontagiosas. En este contexto, existen bienes privados demandados por las personas y que, además, puede existir la intervención del Estado para que sean provistos (tanto a través de la provisión pública o bien financiando la producción por parte de privados). En la práctica, son casos de mercados que inicialmente funcionan de forma privada y donde los individuos compran ciertos productos y/o servicios y se benefician de ellos. Pero esto genera una externalidad positiva en el resto de la población, que no es capturada completamente por quien paga y por eso hay muchas personas que no están dispuestas a pagar la totalidad de la intervención, ya que no se quedan con el 100% de su beneficio.

Asimetrías de información: estos son los casos en los cuales a la hora de negociar una de las contrapartes no posee la misma información que el resto de los participantes. Hay varios tipos de asimetrías, dentro de las que se encuentran:

i. Selección adversa: Esta falla de mercado surge desde los demandantes (en este caso, los asegurados) y se genera desde la asimetría de información y desde los incentivos por parte de los consumidores a maximizar la prima que pagan, haciendo que el estado de salud declarado por los agentes hacia las empresas aseguradoras no sea necesariamente su real estado, llevando a que los demandantes prefieran el seguro que les dé más beneficios como proporción de la prima que pagan. Dado lo anterior, se merma la asignación eficiente y justa del seguro de salud entre los afiliados, el cual buscaría cobrar más al agente más riesgoso y menos al más sano.
ii. Selección por riesgo: Surge desde las empresas aseguradores u oferta de este mercado las cuales, a sabiendas del problema de selección adversa anteriormente señalado, buscan discriminar a las personas solicitando una serie de antecedentes personales, pudiendo hacer múltiples planes de modo de realizar una selección de los asegurados más eficiente. Esto genera oportunidades para que las aseguradoras cobren distintas primas (diferenciación de precios por riesgo) y así las personas se autoseleccionen, situación que es eficiente en el sentido que permite a todos poseer el seguro que están dispuestos a pagar. Pero con lo anterior, muchas veces resultan perjudicadas personas de alto riesgo y bajos ingresos, incapaces de pagar altas cantidades por su seguro y por atenciones de salud. Lo anterior hace necesaria la intervención del Estado, tanto para regular los contratos ofrecidos por las aseguradoras como para asegurar y/o subsidiar a quienes no poseen los recursos para pagar.
iii. Riesgo moral: este es el caso en que los individuos luego de asumir un compromiso cambian su comportamiento previo, dada la nueva circunstancia. Según Rothschild y Stiglitz (1976) esto es lo que ocurre en los mercados de los seguros de salud. En particular, en estos casos los asegurados después de contratar el seguro pueden hacer más probable que el evento asegurado ocurra, es decir, dado que están cubiertos por un seguro de salud pueden no cuidarse como lo hacían previamente a la existencia del seguro. En este contexto, se justifica la intervención del Estado para limitar en alguna cuantía la existencia del problema en cuestión.
iv. Bienes meritorios: estos son un tipo de bienes distintos a los anteriores, ya que en esos casos uno de los supuestos intrínsecos era que se respetaba la soberanía del consumidor, es decir, que éste estaba de acuerdo con la asignación de recursos. Lo que sucede es que se interviene este supuesto clave por parte del Estado para así lograr un bien mayor. En este marco conceptual destaca: Musgrove (1996). Rothschild, Michael and Stiglitz, Joseph (1976) y Yañez (1992).
v. Inconsistencia Dinámica: surge a partir de los bienes meritorios donde el beneficio marginal privado de consumirlos a lo largo del tiempo es menor al beneficio marginal social. El problema es que la información de corto plazo se encuentra distorsionada o es incompleta, por lo que las personas deciden realizar actividades erradas que poseen efectos negativos en el mediano y largo plazo y ex-post descubren los costos de haber tomado decisiones usando información incompleta. Un ejemplo clásico en esta materia es el consumo de bienes como la leche, ya que si no se enseña a los padres que su consumo es relevante, como su precio es mayor que el de otras opciones sustitutas (por ejemplo el té), sus padres pueden darles a sus hijos un consumo que sea sub-óptimo, teniendo como resultado que esos niños tengan problemas con su crecimiento, desarrollo dental y otros. La misma razón es lo que motiva a que existan los servicios de planificación familiar, las vacunaciones, el control de enfermedades de transmisión sexual, entre otros.
En resumen, son bienes en los cuales la intervención del Estado se hace muy necesaria, ya que logran intervenir la forma en que las personas comprenden ciertas circunstancias y realidades, y les permiten lograr un óptimo con sus consiguientes mayores beneficios sociales e individuales.
Pese a que en la realidad las fallas anteriores existen y de forma importante, a los países no sólo les preocupa eliminar y/o manejar estas fallas, sino que hacerlo tanto sujeto a los ingresos que cada nación posea como asignando de forma eficiente dichos recursos.

3. Tipos de intervenciones a realizar por el Estado

Musgrove (1996) establece un marco de análisis que señala los tipos de intervenciones y/o actividades existentes que el Estado debe realizar, junto con señalar cuál debería ser el área de acción adecuada de cada una ellas. Las actividades son las siguientes:

a. Informar, esto consiste en dar información o bien persuadir, sin exigir ninguna conducta a cambio. Estas actividades pueden ser dirigidas hacia los consumidores, como en los casos en los que se dan a conocer los riesgos en la salud del hábito de fumar o bien de no lavarse las manos. En estas circunstancias, el rol del Estado es generar espacios para que las personas se eduquen y se preocupen de su salud, de forma tal que ellas mismas busquen atenderse sin que el Estado deba obligarlos. En este entendido, también es importante informar para así incentivar el consumo de ciertos bienes meritorios y el no consumo de bienes no meritorios. El orden de presentación no está asociado a su jerarquía e importancia relativa. Mientras que por el lado de la oferta, es decir de los proveedores de atenciones de salud o bien de los proveedores para insumos de éstas, se entrega información en cuanto a investigaciones realizadas o bien la difusión de patrones de algunas enfermedades o de los efectos y riesgos de ciertos procedimientos médicos.
b. Regular, se refiere al rol que le cabe al Estado en lo concerniente a establecer la legislación para acreditación de médicos u hospitales, junto con normar el mercado de los seguros de salud para oferentes y demandantes. Las empresas de seguros tienen incentivos a cobrar más caro por sus servicios que lo que realmente deberían, lo que ocurre por las asimetrías de información señaladas en la sección precedente. Otro gran problema del mercado de los seguros, es que existe un trade-off entre selección de asegurados y eficiencia. Esto se traduce en incentivos que poseen los seguros para seleccionar asegurados y de esta forma aumentar la probabilidad de mayores utilidades. Estos esfuerzos para seleccionar asegurados van en detrimento del otro objetivo; obtener las mejores soluciones para los problemas de salud de sus asegurados, al menor costo posible y con el máximo estándar de calidad. Es necesario también regular el comportamiento de los individuos, ya que ellos poseen más información sobre su estado de salud que las aseguradoras. Las personas tienen incentivos para aparentar tener un mejor estado de salud que la que realmente poseen con el fin que les cobren menos, y una vez cubiertos no tienen incentivos a realizar una demanda eficiente, por lo que podrían exigir atenciones médicas más allá de lo necesario.

c. Establecer mandatos, esta función referencia a que el Estado obliga a las personas naturales o jurídicas a realizar determinadas acciones o actividades, por ejemplo, la cotización obligatoria en salud.

d. Financiar, consiste en que el gobierno otorga recursos (en base a los que obtuvo en base a los mandatos), para que se provean las prestaciones de salud. Esto puede ser directamente a través de la provisión pública o bien financiando a proveedores privados para que lo hagan. Tal como se muestra en el Anexo N° 3, el FONASA compra prestaciones tanto al sector público como al sector privado. Por otro lado, en los mercados de seguros el precio debe estar asociado al riesgo; esto implica que a las personas más riesgosas se les cobre más y a las menos riesgosas menos. Esta situación podría llevar a las personas más riesgosas y a su vez más pobres, a no pagar por su seguro y sus atenciones de salud, lo que en opinión de Musgrove (1996) justifica que el Estado deba financiar las atenciones de salud de estos grupos de personas. En cuanto a las prestaciones, resulta de suma importancia que los bienes y servicios que se financien sean los más costo-efectivos. Es importante que también se financien los bienes y servicios públicos de salud que posean externalidades amplias, junto con que se produzcan y consuman en las cantidades apropiadas.

e. Proveer, significa proporcionar los servicios de atención de salud necesarios por parte del Estado. Los servicios se pueden agrupar en 3 grandes conjuntos: los bienes públicos, ciertos bienes privados (los que posean altas externalidades) y los meritorios.
De partida, la provisión estatal debe estar asociada a aquellos bienes y/o servicios denominados bienes públicos, donde el consumo de algunos no reduce el de otros, ni tampoco existe alguna exclusión en su uso. Ejemplos de estos servicios serían los alcantarillados sanitarios, el control de vectores y plagas, la limpieza del aire y la educación para la salud, entre otros. Los que se financian generalmente son de carácter preventivo.
Lo anteriormente señalado debe ser entendido en el marco de bienes públicos que son necesarios para las personas, pudiendo existir algunos que por sus elevados precios no justifiquen el financiamiento estatal (por ejemplo, macro ventiladores que eliminen en parte la contaminación de Santiago puede ser una buena medida, pero su alto costo lo hace inviable).
En cuanto a los bienes privados, también puede ser que el Estado los provea. Esto se entiende en la medida que dichos bienes generen algún grado de externalidades. En la práctica, son casos de mercados que inicialmente funcionan de forma privada y donde los individuos compran cierto producto y/o intervención y se benefician de ella generando una externalidad en el resto de las personas que no es capturada completamente por quien paga. Debido a lo anteriormente señalado hay mucha gente que no está dispuesta a pagar la totalidad, Musgrove (1996), de la intervención ya que no se quedan con el 100% del beneficio. Ejemplo son las enfermedades contagiosas como la tuberculosis, las que al no existir la provisión estatal, probablemente sucedería que las personas tomarían tratamientos en una cantidad inferior al óptimo o simplemente no lo harían.
Para concluir los aspectos relevantes de este tipo de intervención, cabe enfatizar, como señalamos anteriormente, que hay una serie de bienes que generan mayores beneficios sociales que su propio costo, pero muchas veces eso no implica que el Estado deba cubrirlos en todas las circunstancias. Este juicio dependerá de los presupuestos fiscales y, por ende, resultará de primera importancia establecer prioridades, ojalá consensuadas, respecto de los servicios de salud a proveer.

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